lunes, 12 de octubre de 2015
domingo, 4 de octubre de 2015
Para esta semana os ofrezco la lectura de este bello poema de amor:
Cuando
te nombran
Cuando
te nombran,
me
roban un poquito de tu nombre;
parece
mentira
que
media docena de letras digan tanto.
Mi
locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría
pintando todas las paredes,
no
quedaría un pozo
sin
que yo me asomara
para
decir tu nombre,
ni
montaña de piedra
donde
yo no gritara
enseñándole
al eco
tus
seis letras distintas.
Mi
locura sería
enseñar
a las aves a cantarlo,
enseñar
a los peces a beberlo,
enseñar
a los hombres que no hay nada
como
volverse loco y repetir tu nombre.
Mi
locura sería olvidarme de todo,
de
las 22 letras restantes, de los números,
de
los libros leídos, de los versos creados.
Saludar
con tu nombre.
Pedir
pan con tu nombre.
-Siempre
dice lo mismo – dirían a mi paso,
y
yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.
Y
me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a
todas las preguntas responderé tu nombre
-los
jueces y los santos no van a entender nada-
Dios
me condenaría a decirlo sin parar para siempre.
(Gloria
Fuertes)
Para mis alumnos de 3º ESO: aquí os dejo la Presentación que nos ha acompañado en las primeras clases del Taller de Poesía, en las que hemos intentado desentrañar en qué consiste el fenómeno poético:
sábado, 26 de septiembre de 2015
Nuevo curso, viejas costumbres. Para empezar la semana, un poema sobre la llegada de la poesía:
La poesía
Y fue a esa edad... Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.
Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.
Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.
(Neruda)
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